Carmen Cuñat (Madrid)

Si el final de análisis tiene que ver con la obtención de la identificación al sínthoma, que es algo de lo más singular pues hace a la condición de goce más intima y más autista del ser hablante, ¿cómo se relaciona uno con la Escuela a partir de ahí?

En relación con esta cuestión, se hace evidente esta constatación: más se pone la Escuela del lado del Otro, más inaccesible y lejana se muestra, menos tiene que ver con cada uno y más nos desentendemos.

Lo que me invitó a  abordar estas cuestiones fue una interpretación reciente o más bien dos, que hizo Miller a propósito de la ELP:

La primera en Twitter: “La ELP vive en sí misma desde hace 20 años, piensan que 240 personas en las Jornadas es un éxito”

La segunda, publicada en el Journal des Journées 64: “¿La ELP podrá escapar a la maldición que la empuja a la inercia?”

Son dos interpretaciones que ponen de manifiesto un síntoma de la ELP y que sobre mí tuvieron un efecto de división, incluso de exasperación, creo que también en otros. Estas interpretaciones las hacía Miller justo después de la celebración de las Jornadas anuales de la ELP (noviembre 2009) de cuyos resultados habíamos salido satisfechos o un poco más que otras veces, pues había habido cuanto menos un pequeño despertar.

Esas Jornadas se habían sostenido en intervenciones donde la propia enunciación estaba en primer plano, donde se invitaba a no olvidar la relación con el inconsciente de cada uno, su condición de analizante más que la de analista. No cabe duda de que esa manera de hacer resulta más divertida.

Y bien, ese efecto de división que me produjo la interpretación de Miller me llevó a cuestionarme de una manera diferente a otras veces, mi relación con la Escuela y no sólo eso, también mi relación con el Pase y con el Psicoanálisis.

Recordé un sueño que había tenido al final de mi segundo análisis, después del cual me presenté al Pase. Es decir, que me presente al pase después de ese análisis contando con el final que había obtenido allí y también después de ese sueño que ahora tomaba para mi  relevancia.

Estamos en 1996. El sueño es el siguiente: “Voy a hacer el pase y me recibe en el dispositivo una mujer, analista de la ECF, que yo consideraba amable”, alguien  que yo consideraba que había asumido la castración. Deduzco en el sueño “que el pase ha quedado al cuidado de las mujeres, que es cosa de mujeres porque, además, todo el resto de la comunidad analítica se ha ido a una Asamblea que tiene lugar en la Sección de Cataluña, en la que está presente JAM”. “Se han ido a escucharle por estar más interesados en las cuestiones de la política institucional” Deduzco también que se trata de una comunidad, la de la Escuela en ese momento, “presidida por lo fálico, donde el “más allá del falo” tiene poca cabida”. Advierto ahora que decir “más allá del falo” o decir “más allá del Edipo” no es lo mismo. Evidentemente las dos propuestas tienen consecuencias diferentes.

Para mi sorpresa entonces, observo que es una concepción muy singular del Pase la que tenía en ese momento. Esa concepción la pongo en conexión con una posición fantasmática propia, muy singular también, que he podido deducir de mi tercera experiencia de análisis y que consiste en rechazar lo fálico por considerarlo a veces demasiado intrusivo.

¿Cuándo es intrusivo lo fálico? Cuando su presencia no remite a la castración, cuando, por ejemplo,  lo fálico queda conectado con el falo materno que no existe. Falo que por su procedencia imaginaria no desfallece y da consistencia a la arbitrariedad del deseo materno. Si la interpretación sobre la Escuela tuvo ese efecto  de exasperación es porque algo de esa intrusión y de esa significación se manifestaba aun para mí.

Llegados a este punto, la cuestión que se puede plantear también es la siguiente: ¿Desde qué lugar alguien, en este caso Miller, se autoriza a interpretar la Escuela? Esta pregunta me llevó a volver a leer una intervención que considero fundamental y que se la conoce como “la  Teoría de Torino”(1), que Miller enunció en el curso de la formación de la Escuela italiana, donde formulaba precisamente  lo que era interpretar a la Escuela y donde se deducía, por el mismo hecho de que la Escuela es interpretable, que la Escuela es un sujeto. En efecto, cuando se la interpreta, la Escuela pierde su estatuto de Otro, deviene sujeto, un efecto-sujeto.

Para introducir esa tesis de la Escuela como sujeto, Miller nos recuerda la fundación de la Escuela por Lacan en 1964. Esa fundación se sostiene en una paradoja: La Escuela sería el resultado de la relación que cada uno tiene con la causa analítica. Es decir que, por un lado, tenemos la relación que cada uno tiene con la causa analítica –  en efecto, Lacan inicia su Acta de fundación con esta propuesta: “Tan solo como siempre he estado en relación con la causa analítica, fundo la Escuela….” – y, por otro lado, llama a todos aquellos que tienen esa relación de soledad con la causa para reunirse en torno a la Escuela. La paradoja está en cómo fundar algo colectivo teniendo en consideración la relación con la causa de cada uno. Otra manera de decirlo es cómo cada cual aloja su causa en relación a una causa común que es la causa freudiana.

Lo que señala Miller muy bien es que Lacan, en su acto de fundación de la Escuela, no sólo invitaba a acogerse a la causa freudiana como lo hizo Freud con sus discípulos, causa que era la de Freud y que dio lugar a la creación de la IPA, sino que planteaba, en el mismo movimiento, la necesidad de diferenciar la causa de cada uno con la causa freudiana. Es decir, que en el mismo acto de fundación de la Escuela hay una interpretación. ¿De qué tipo de interpretación se trata?

Es interesante lo que dice Miller sobre la interpretación es este texto, dice así (p.67):

Hay dos tipos de discurso que se enuncian desde el lugar del ideal, el cual es  el que sostiene siempre una colectividad, como lo plantea Freud en su Psicología de las masas. Porque no se descarta que la Escuela no se sostenga en un ideal. Miller habla incluso de “adoptar la Escuela como un ideal”. “El lugar del ideal, dice Miller, es el lugar de la enunciación”.

Pues bien, el primer tipo de discurso está sostenido en la lógica del amigo-enemigo tomando como referencia a C. Schmitt, lógica que para él es “el fundamento mismo de la entidad política”. Esa lógica da consistencia al grupo, bajo el modo, si se quiere, de la sugestión, e intensifica la alienación subjetiva del sujeto al ideal. La Escuela se acerca a ese tipo de discurso cuando se manifiesta en contra de las TCC, por ejemplo.

“Pero desde el lugar del ideal puede ser emitido un discurso opuesto que consiste en enunciar interpretaciones. Interpretar al grupo significa disociarlo y reenviar a cada uno de los miembros de la comunidad  a su propia soledad, a la soledad de la relación con el ideal” El primer discurso tiene un efecto masificante, une a los individuos que componen la masa. El segundo tipo de discurso más bien disgrega, es desmasificante.

Entonces, “la Escuela se funda sobre una interpretación disgregativa que remite indefectiblemente a cada uno a su propia relación con la causa y con el ideal”. De hecho la Escuela no se funda de una vez por todas, se funda en un movimiento que está hecho de “actos de Escuela”, de “acontecimientos de Escuela” y podemos decir de interpretaciones. Y en la medida que se la interpreta se la subjetiviza, es decir, la subjetivizamos nosotros y la instauramos al mismo tiempo como sujeto supuesto saber. Tanto la Escuela es interpretada como ella nos interpreta a nosotros, desde ese lugar de SsS.

Volviendo a los efectos que esa interpretación a la Escuela tuvo sobre mí, esta me remitió no sólo a poner en cuestión una idea muy singular que tenía sobre el Pase sino que puso al descubierto un ideal de Escuela en la que no eran bien venidas las interpretaciones disgregativas o disonantes.

Lo que es cierto es que nos gusta JAM cuando organiza un acontecimiento como las Jornadas de la ECF, que nos dieron ideas para organizar las nuestras, es decir, en las que prima la participación, se da paso a la enunciación propia, los analistas se presentan como analizantes, lo cual, como ya he dicho antes, es mucho más divertido. Nos gusta ese tipo de actos de Miller pero no nos gusta nada cuando señala el síntoma de la Escuela con la cual nos identificamos, o cuando muestra su cólera de esa manera a veces brutal como el sólo lo sabe hacer, como hizo en relación con los CPCT y ahora más recientemente con el Pase. Es el semblante amable de la Escuela lo que nos une, amable en tanto que coincide con el Ideal que cada uno nos hacemos de  ella.

En mi caso, diría que la tomaba no tanto como una SAMCDA, una Sociedad de Ayuda Mutua Contra el Discurso Analítico, como calificó Lacan a la IPA, pero si quizás como un Enclave Contra la Intrusión del Falo (ECIF)

Ese semblante amable de la Escuela, encubre irremediablemente lo sinthomático que cada uno pone en la Escuela, es decir, el uso de goce que hacemos de ella. Otro sueño más reciente me dio la prueba de esto, de tal manera que me llevó a plantear si no había elegido el Psicoanálisis como respuesta a la imposibilidad de la relación entre los sexos, es decir, como modo de escape para no enfrentar esa imposibilidad de la cual, por cierto, toma su eficacia  el semblante fálico, ya que es aquel que hace muro entre los sexos.

Lo que me parece interesante  es que a raíz de una interpretación que pone a la luz un síntoma de la Escuela, eso nos puede llevar a cuestionarnos la relación con esos semblantes que son la Escuela, el Pase, el Psicoanálisis, incluso ahora la Escuela Una, y que esa interpretación no apunta a otra cosa que a sacar a luz, a su vez, la relación sinthomatica (con h), es decir, el uso de goce que cada uno hace de ellos.

Por otro lado, eso que hace Miller y que hizo Lacan en su momento es lo que se espera de alguien que tiene un compromiso con la Escuela, es decir, “sujetos que conocen la naturaleza de los semblantes” como dice Miller en este mismo texto, y esto es quizás lo que se espera también de un analista de la Escuela

En definitiva, los semblantes no son otra cosa que significantes amos, que toman por momentos la función del ideal, que permiten hacer lazo con los otros desde ese lugar de ideal, pero que bajo interpretación son S1 aislados que remiten a un goce singular de cada uno y en tanto tales participan en la conformación del sínthomaque se puede deducir al final del análisis.

(1) Intervención realizada en la sede de Madrid de la ELP en el espacio “Noches de la Escuela” sobre “Sinthoma y semblantes”

(2) J.-A. Miller, “La Escuela Sujeto: la teoría de Torino acerca del sujeto de la Escuela”, El Psicoanálisis 1, revista de la ELP.

Publicités