Por Leonardo Gorostiza

En su texto “El pase-deseo”, publicado en el primer número de este boletín, Éric Laurent concluía: “La desmasificación de la enunciación que está en marcha entre nosotros, según la expresión de Jacques-Alain Miller, ayudará al conjunto de los analizantes a tomar la decisión (franchir le pas). Los prisioneros de la identidad de la Escuela (JJ nº 69) podrán salir de sus antiguos semblantes, uno por uno, para poder inventar mejor otros nuevos”. ¿Qué son, entonces, esos antiguos semblantes? ¿Cómo entender los nuevos, aquellos que sólo podrán ser inventados, si de los antiguos se ha salido, uno por uno? ¿Y qué decir de la desmasificación de la enunciación, instrumento que sostiene esta salida posible de los prisioneros (Cf. “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada…”)? La desmasificación de la enunciación no es sino la puesta en acto de una política animada por el deseo del psicoanalista. En este sentido se opone al deseo de dominar y no quiere producir semejantes. Busca, como el deseo del psicoanalista “obtener la diferencia absoluta” (Cf. Seminario 11). Es por eso que “le repugna proceder por identificación” y tienehorror al confort de los grupos” (Cf. JAM, Intervención del 11 de octubre 2008 en la ECF: “Perspectivas de política lacaniana”). Resulta claro entonces, que los antiguos semblantes son aquellos que hacen masa, incluso en la Escuela (lo que Éric Laurent llama “la identidad de la Escuela”) favoreciendo el confort grupal. Mientras que los nuevos semblantes son aquellos que cada uno podrá inventar cuando, despegado de los antiguos, se confronte con su real, absolutamente singular, nunca universal. Como se percibe, la desmasificación de la enunciación no es más –si puedo decirlo así- que el “espíritu del pase” expandido al conjunto de los miembros de las Escuelas y a la comunidad analizante que la rodea.  Pero además, y como contrapartida, el dispositivo mismo del pase habrá de revitalizarse por dicha expansión.

Ahora bien, ¿por qué no interrogar entonces -ya que la homología lo permite- la diferencia que puede haber entre los antiguos y los nuevos semblantes en el interior de la experiencia analítica? Jacques-Alain Miller da una pista en su presentación del tema para nuestro próximo Congreso de la AMP (Cf. ScilicetSemblantes y sinthome, pag. 21/22).

Allí, siguiendo a Lacan, indica que el análisis, refinando la oposición entre goce y sentido, recurre a éste para resolver el goce, y que esto no puede “lograrlo más que haciéndose incauto del… padre”. Es decir que el análisis se sirve del padre, de un significante Uno, de un  “antiguo semblante”, que permite avanzar algo en la lectura de esa opacidad que es el goce del síntoma y volverlo –no todo- transparente. Así, el síntoma como mensaje significado por el Otro (es decir articulado al inconsciente transferencial hecho de semblantes, como un conjunto cerrado) es un efecto del análisis que, por la vía del sentido-gozado, puede circunscribir el goce opaco delsinthome que, en tanto tal, excluye el sentido.

¿Y que sería entonces ese S1, “antiguo semblante”, que vale como nombre del padre?  Un semblante particular, producido en el análisis, a partir del cual el sujeto elucida cómo, por ese significante, es representado ante el Otro. Es el significante amo que permite la lectura del inconsciente como sujeto supuesto saber y que además comanda la repetición, para cada uno, presente en su síntoma.
Tendríamos, hasta aquí, en la experiencia, la elucidación de un “antiguo semblante” y el desciframiento del sentido inconsciente que esto posibilita.

Pero para que se produzca –en sentido estricto- un “nuevo semblante”, es necesario un paso más. Porque se trata de producir aquello que Lacan anhelaba: “Un significante nuevo que no tuviera ninguna especie de sentido, eso es quizás lo que nos abriría a lo que (…) yo llamo lo real” (Cf. Seminario 24, 17 de mayo de 1977). Es decir, un nuevo semblante ya no particular sino singular, un semblante que indique o evoque el goce opaco del sinthome para un sujeto que ya no es poema (sólo efecto de significación) sino poeta. Poeta por haber inventado un nuevo semblante, una nueva forma que no estaba ya en el Otro y que tiene la función de indicar lo absoluto de un goce singularísimo fuera de sentido (Cf. Encore, “S1, el significante del goce”). Así, un nuevo semblante no sería otra cosa que la palabra del final (le fin mot), la palabra de la diferencia absoluta que ha surgido a partir de la mayor soledad, aquella cuando el sujeto –habiendo hecho la experiencia de su propia abolición como sujeto de la representación- se ha confrontado con lo irreductible del inconsciente real.
Es por todo esto que la política de la enunciación tiene como horizonte, pero también como punto de partida, una misma e inclaudicable decisión: el pase.
Buenos Aires, 27 de diciembre de 2009.

Comité de Acción de la Escuela Una / EOL. N° 2.

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